Yo no creo que un futuro no me espere,
que no brille el farol de una taberna
a la vuelta de la esquina de la noche.
Ya son muchas madrugadas inconclusas
para dudar lo obvio,
que más allá de su cuerpo y de mi cuerpo
una galaxia oculta me persistía intacta
y demasiadas ciudades
apenas nos soñaron.
Resulta tan sencillo
dejarse seducir por la ilusión del fin del frío,
la órbita celeste detenida en esta cama,
cuando eres tú tan sólo
quien se ha detenido.
Supongo que la vida seguirá sucediendo,
mas temo que no siempre estará disponible.
Y ahora toca abotonarse bien el alma,
atrincherarse en el cuello del abrigo,
adormecer el llanto en la bufanda
y echar a andar por estas soledades
sin horizonte, mientras la noche arrecia
y el invierno desdibuja los caminos.
Circe (cc) 2009